Ni yanquis ni marxistas, peronistas

Después de los desafortunados dichos del Papa Francisco, que pretendían defender al obispo de Osorno y terminaron ofendiendo a toda una población, me quedé pensando. Me desconcertaba y me dolía que la persona del Papa, venerada y querida por tantos, quedara tan mal parada por un exabrupto robado en la plaza de San Pedro (http://bit.ly/1MiA73y). Algún día sabremos quien estuvo detrás de la operación mediatica para realizar y lanzar el video. Pero había algo más que me continuaba a ronzar y a inquietar. El Papa usó un termino para referirse a quienes, según él, habían manipulado parte de la opinión pública de la gente de Osorno: “que no se dejen llevar de las narices de todos los zurdos que fueron los que armaron esto…” Zurdos.

La palabra tiene una historia maldita en Argentina. Denota, no indica sólo una posición política, denigra, habla de frentes contrapuestos donde no se instaurará jamás una dimensión de diálogo, es la muerte de todo diálogo, es el fin de la palabra, celebra el comienzo de la violencia.  Fue ampliamente usada por el peronismo para reivindicar su tercerposicionismo: “Ni yanquis ni marxistas, peronistas” era una de las consignas que se coreaban en la plaza. Esta equidistancia no siempre fue real y posible en un movimiento complejo y mutante como el peronismo, que supo incorporar dentro del propio movimiento elementos de la izquierda. En la vuelta de Perón, el 1 de mayo de 1974, en su discurso en la Plaza de Mayo echó a las alas izquierda de la juventud peronista. Los representantes del movimiento Montonero abandonaron la plaza. El vacío que se abrió fue profecía del abismo en el que caería la Argentina. Primero fueron las matanzas organizadas por “La Triple A” fuerza paramilitar creada por José López Rega (“El Brujo”), secretario de Perón, para eliminar la izquierda combatiente dentro y fuera del movimiento peronista. A este terrorismo de Estado siguió otro esta vez organizado por los militares golpistas y que abrió un infierno.

Argentina no ha terminado aún de hacer las cuentas consigo misma, ni ha pensado lo suficiente las raíces de su ser violento. Y hasta que no lo haga será esclava, quedará encerrada en su estupidez que temo sea mucho más grave que la de los osorninos. Un camino es desarmar algunas palabras, tomar distancia de ellas, escribirle su historia. Y siempre antes de hablar podríamos recordar el proverbio:

Il existe quatre choses dans la vie qu’on ne pourra pas rattraper : la pierre après l’avoir lancée, le mot après l’avoir dit, l’occasion après l’avoir perdue et le temps après qu’il soit passé.

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Un pensiero su “Ni yanquis ni marxistas, peronistas

  1. muy bueno Martin !! estoy en Roma, recien llegado con reuniones esta semana pero vere de pasar por la PUG y verte, abrazo Mariano​

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