Coordenadas: Roque Saenz Peña y José Altube

Tan lejos y tan cerca. El martes 21 de agosto me robaron mi computer Mac Book Air 13″ en la ciudad de Buenos Aires, con toda mi información, con todos mis trabajos, con todo mi material para clases y cursos. Fue una ocasión para pensar muchas cosas. Para pensar que es verdad que las cosas nos sobreviven, como dice Borges, pero que también algunas las perdemos, se destruyen, se consuman. Que en determinados momentos de la vida, y yo ya he llegado a uno de ellos, es bueno aprender a abrir las manos y permitir que las cosas se vayan, que se vayan antes que nos vayamos, que se vayan para aprender a irnos. En estas páginas (“La pagana befana”) recordé lo que aprendió Sigmund Freud viendo jugar a su nieto Ernst con un carrete de hilo, lanzado y recogido una y otra vez. En ese juego de Fort und Da, en ese juego de pérdida y encuentro el pequeño Ernst vivenciaba simbólicamente la ausencia de su madre. Esas elaboraciones de la pérdida no le sirvieron a Ernst para elaborar la muerte de su madre que ocurrió realmente 5 años más tarde y ante la cual, aparentemente, no trasmitió ningún sentimiento de dolor. Es muy ardua la escuela para aprender a reconocer a la muerte. Por eso quiero que esta experiencia no sea solamente un robo sucedido en una ciudad violenta, desarmada y rota, donde las más de las veces, como en este caso, no se roba ni por hambre ni por necesidad sino por sistema.
El GPS del MAC localizó al ladrón y a su presa en José C. Paz, provincia de Buenos Aires, en el predio situado entre Roque Saenz Peña y Avenida José Altube. Una interesante reseña sobre José Clemente Paz y Altube se encuentra en http://www.ria.org.ar/es/historia.htm. Después desapareció la señalización y muy probablemente toda la información del disco, lo cual me impulsó a pensar en algunas tardías medidas.  En lo posible tener los trabajos en ejecución siempre en la “nube”, dropbox u otros sistemas. No cargar laptops por la ciudad de Buenos Aires, usar soportes usb y computadoras locales, en la medida de lo posible. Obviamente dejar en casa tres copias de seguridad de todo el material preferiblemente en lugares distintos.
Dejo la imagen satelital de la casa de los horrores para perpetua memoria. Y digo perpetua porque si bien es cierto que pareciera que la red tiene una enorme movilidad y fluidez en la información, al mismo tiempo, como dice Viktor Mayer-Schönberger en Delete: The Virtue of Forgetting in the Digital Age, la información digital casi nunca desaparece totalmente, quedan huellas e indicios. La máquina está secando el río Lete con todos los beneficios que su paso fresco y despreocupado ocasionaba a la mente. Quién sabe si algún día me encontraré con mi ladrón desgraciado y deshauciado, quien sabe si podremos algún día tomar un café en algunos de esos bellos bares de Buenos Aires, ya que él tiene tanto de lo mío y yo sólo una sombra.
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