Se me volaron las grullas

Quién sabe si por los esteros del Iberá (Corrientes, Argentina) antiguamente había grullas… por esos pagos vi un ipacaá, bella la gallineta pero ni punto  de comparación con las majestosas grullas.  Quién sabe si por las pampas, antes que el chimango reinara absoluto, había grullas trompeteras como las que por ahora resisten en Buffalo y Canadá. Las hay en Libia, en la India y Japón, en África meridional y las hubo en Inglaterra. Pero en Argentina no hay grullas. Cuando comencé con el laboratorio de restauración para el libro antiguo y para el papel en Buenos Aires (Laboratorio Nicolás Yapuguay) pensé que podía ser un lugar donde anidara alguna grulla. De hecho, encontré una en una marca tipográfica perteneciente a Nikolaus Episcopius, activo en Basilea desde 1529 a 1564. En la marca campea oriunda una grulla montada sobre un báculo entre nubes, que evoca el emblema de la ciudad.  La zancuda se sostiene en una pata y en la otra agarra un guijarro. Por debajo se lee: “Tes epimeleias doula panta ginetai”, que podría ser traducido como: “todo debe estar sometido a las leyes de la vigilancia”.  La impresionante labor editorial de los sucesores de Johann Froben y de Episcopio dio como resultado la edición de los Padres de la Iglesia que no pudiera ver Johann. Por eso, alguna vez me divertí a traducir el adagio de esta manera: “las cosas nacen de un duro y cuidadoso trabajo”. La vigilancia y la premura de la grulla está significada en la pata alzada que sostiene la piedra. La grulla no duerme, la grulla vigila. Si se durmiera soltaría la piedra y por el ruido de su caída se despertaría. La grulla cuando cuida de su escasa nidada está atenta a que nada le suceda a su descendencia. En el laboratorio Yapuguay manos cuidadosas y pacientes aprenden el arte de la conservación y del restauro, del cuidado y de la atención.  Todo ello en un país, como la Argentina, donde las grullas, si estuvieron alguna vez, hoy ya han volado.  
Ayer (8/08/2011) el vuelo de Aerolíneas Argentinas que tenía que ir a Madrid no despegó.  El mío que tenía que ir a la ciudad de México regresó luego de cuarenta minutos de vuelo (menos mal) y dicen que se alzará agresivo como un chimango esta noche. Veremos. Todo eso puede suceder en cualquier parte del mundo, lo que no es igual en todo el mundo son las consecuencias de hechos como estos. En Argentina estas y otras cosas peores se han vuelto cotidianas y como normales desde que las grullas se volaron y nadie cuida del nido. Me consuelo pensando en el laboratorio Yapuguay
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